Ser Petiso, Hoy

29 09 2007

Voy a tratar de hacer esta historia lo mas corta posible. Espero no alargar demasiado. Si estás corto de tiempo, hacete unos minutos para leerlo. Eso si, no quiero caer tan bajo con el chiste fácil, así que díganme “alto!” si ven que me paso.
“Soy petiso, pero me la piso”, “lo bueno viene en frasco chico”, “es mejor petiso rápido que alto tontón”, “mas vale petiso en mano que alto volando”, “en casa de petiso, cuchillos de altos” son algunos de los dichos mas populares sobre nosotros, los petisos. Aún así, como hay frases optimistas, están las negativas: “Tarzán de maceta”, “chichón de suelo”, “el petiso se tiró un pedo, porque levantó tierrita del suelo”.
Sin embargo, nosotros estamos orgullosos de ser la mitad que otros en estatura. No sufrimos la falta de aire, excepto en un colectivo repleto, pero lo que menos queremos en ese instante de “Scrum” de culos ajenos en rostro propio, es respirar algo.
Nunca me tragué el marco superior de la puerta, ni me llevé puesto la araña encendida que cuelga en el comedor de mi abuela. Mucho menos un avión tuvo que esquivar mi oreja ni Dios me pidió que me tape la boca al estornudar que sino le vuelo las nubes. No señor!
Si algo nos caracteriza, además de el aspecto físico, es el sentido del humor. Rara vez un petiso tendrá mal humor. Recuerdo a “el mentira” Jimenez -le decíamos así porque tenía las patas cortas- cuando se recibió de locutor, consiguió trabajo en una radio y la primer frase que dijo fué: “Bajame la música” y toda la radio echó a reír. O a “muestra gratis” Saltoniani junto con su banda “los del metro, sesenta” que decían que tocaban la música “a su medida”, que por cierto, era de muy bajo nivel. Me viene a la memoria también “el chato” Esteves, que siempre tiraba latiguillos cuando le hablabas como: “No me cabe la menor duda”, para después añadir “y en un metro cinuenta qué querés?! No cabe nada!”. Mejor aún, cuando contaba su paso por la colimba¹ que nos decía entre muecas y risas: Lee el resto de esta entrada »

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No puedo inspirar! Me falta la inspiración!

26 09 2007

-“Qué te inspira a escribir?” -dijo ella en el chat.
Giré 45º mi cuerpo y a la vez 45º la cabeza, dirigí la vista al televisor y estaba el codificado del viernes. Creo que sentí vergüenza decirle la televisión, estando con Playboy TV codificado.
-“No se, estoy bloqueado” -contesté como un artista en conferencia a la BBC de Londres- “y mi gente me pide más” -añadí muy ingenuo.
Y es que a mi me inspiran los hecho cotidianos… Cosas de mi vida que pudieron, o no, haber pasado. Ponele que yo le contestaba: “Me inspira la realidad que vivo día a día”. Qué hubiese cambiado? Estaría en la misma.
Entonces me subí a mi Ego y salimos a divagar juntos. Me imaginé que era un artista, un famoso. Imaginé que tenía éxito, fama, poder. De repente, un flash me abre los ojos. “Mis fans! Mis fans!” -pensé para mis adentros. Pero no, al menos que todos mis fans se vistan de policía.
En ese momento me doy cuenta, me encontraron droga. Veo las cámaras de televisión y pataleo. Exijo mi abogado. Pido la llamada. Me traen “The ring”. Me meten a una habitación helada, puedo ver el moho en las paredes y unas manchas de sangre… Esto no puede ser bueno. Se me sienta una imitación de Morpheus delante. Me mira. Lo miro. Me dice: -“No me mires”. Le digo: -“No me miro” -tratando de seguirle la rima. Me mira. Yo no me miro. Respira profundo y saca una caja de donas y un vasito de café de una bolsa. “Con dos de azúcar” -le digo.
-“Nombre?” -se oye en la habitación retumbando junto con el eco volteando un poco de revoque de la pared con hongos.
-“Prefiero no revelarlo. Llámeme así…” -dije, dibujando en el aire con mi mano derecha una especie de figura artística.
En ese momento, me comienza a doler la mano. Su bota “42” dió directo en mis nudillos.
-“Está bien, decime Walter” -me retracto agitando mi mano que aumentaba de tamaño como su dona al ser sumergida en el café. Lee el resto de esta entrada »





Guía Anti-Estrés

15 09 2007

Bueno, antes de empezar esta nueva guía, vamos a aspirar profundamente 10 veces. Inhalamos, retenemos. Y exhalamos. Así hasta llegar a la décima vez.

Bien, aspiradas las 10 líneas de cocaína, podemos empezar.

Ahora si, el primer paso será hacernos sonar los dedos. No hay que hacerlo muy fuerte ya que podremos desmayar a quien estemos golpeando para que suenen. Además que no queremos lastimarnos los nudillos.

Una vez hecho eso, sentiremos una relajación de el 5% mas o menos. Seguiremos nuestra relajación, actuando sobre el cuello. Giraremos la cabeza en forma circular anti-horaria, osea, no importa a la hora que lo hagamos. Luego de girar aproximadamente 4 veces en ese sentido giraremos bruscamente pero con cariño para el otro lado. Lo haremos con mucho cuidado ya que podríamos quebrar el cuello. Si nos pasáramos con la fuerza, soltaremos el cadáver y buscaremos otro cuello para seguir relajándonos.

Para éste momento, veremos que los tics nerviosos han desaparecidos. Es momento del café. Siete cucharadas de café por una de azucar es la proporción que utilizaremos. Si bien no es necesario tomar rápidamente el café, tragar una taza de un sorbo nos ayudará en el relajo. Con cuidado tragaremos la taza y sacaremos con pulgar e índice, la cucharilla de nuestra boca.

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Historia de un Hombre Necesitado

1 09 2007

Rubia. Sencilla. Escultural. Rizos bellos. Ojos color miel con una mirada profunda. Pareciera tener 18 o 20 años. Esa era Fabiola. En frente, yo. Joven de 20 años. Necesitado, como toda persona a esa edad de una mujer, bailando con ella.

-“Cómo te llamabas?” -le grité al oído.

-“No te dije” -me escupió en la oreja.

-“…”

Esa fue mi charla en un boliche de poca monta en Lanús Este, o este, no recuerdo bien. El lugar se llamaba “La pachanga de Osvaldo” de $2 la entrada con una consumisión que consta de agua sucia y alcohol etílico 96º. Es que el hombre cuando está necesitado va a cada lugar.

La había invitado a bailar en la barra donde ella descansaba. Cada paso de baile que ella ejecutaba era un 5.6 en la escala de Richter. Y cuando yo la hacía girar para continuar bailando, sentía que una fuerza me atraía a ella. Y no, no era amor, era que me hacía orbitar. Sus rizos no era otra cosa que un nido de ruleros, y, viéndola mejor, no era rubia, tenía un color óxido de raíces negras azabache. Sus ojos, estaban colorados producto del alcohol. Es que el hombre cuando está necesitado baila con cada cosa.

Y es que a los 20 años uno no repara en daños con las muejeres que está. Cada hora que pasaba con ella, era una hora menos de felicidad, así que apuré los trámites:

-“Cuántos años tenés?”

-“44” -me dijo.

-“Ahh, yo 20” -le dije mientras me agarraba mi pié recién pisado por sus 102,26 kg. y notaba que la cerveza me había engañado.

-“Como mi nene mas chico” -me reviró.

Aún así seguí bailando. Lee el resto de esta entrada »